martes, abril 30, 2013

Las ejecutivas pelean por un lugar en la cima

Domingo 28 de abril de 2013 | Publicado en edición impresa
Las ejecutivas pelean por un lugar en la cima
Por Marcela Cristini | Para LA NACION
La Argentina, que ha sido pionera en la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, se encuentra hoy estancada frente al avance mundial. Las mujeres argentinas participan del mercado de trabajo en forma creciente y se educan relativamente más que los hombres, y sin embargo no llegan a puestos directivos en empresas e instituciones. Consecuentemente se pierden los beneficios de la diversidad y se desaprovecha su capital humano para el crecimiento.
Desde hace algunos años, en el mundo se debaten los beneficios de la diversidad de composición en la dirección de las empresas. Esta diversidad se refiere a la incorporación de grupos de diferente edad, raza, formación profesional, como elemento dinamizador del crecimiento de las compañías. Dentro de esa discusión se ha incluido el debate sobre la participación de las mujeres en los cargos directivos de empresas e instituciones. En los primeros análisis desarrollados se afirmaba que la incorporación de las mujeres a los directorios mejoraba el desempeño financiero o el valor de las empresas. Luego de diez años de investigaciones, los resultados más confiables no muestran efectos sistemáticos sobre los resultados económicos de las empresas. En cambio, estos mismos trabajos documentan que los beneficios de incorporar mujeres en mayor medida a sus directorios genera mejoras en el gobierno empresario, mayor creatividad para la solución de problemas y mejores relaciones con el medio. Por extensión, estas ventajas de la mayor participación femenina podrían también verificarse en todos los lugares de la sociedad donde se toman decisiones.
En contraste con estas buenas noticias, la incorporación de las mujeres a los cargos directivos ha sido muy lenta en el mundo. En los países nórdicos donde existe regulación al respecto, la participación femenina en los directorios empresarios trepa por encima del 25% (40% en Noruega). En los países europeos y en Estados Unidos, la participación oscila entre el 9% y el 16 por ciento. En los países asiáticos y de Medio Oriente, la participación es exigua (menos del 1% en Japón o Emiratos Árabes). En América latina, estas cifras también son muy bajas, aunque mayores que las asiáticas, y oscilan entre 2 y 6 por ciento. Con todo, en los últimos años, los indicadores de oportunidades en los negocios para las mujeres en varios países de la región (México, Colombia, Brasil) han ido mejorando. Para 2006, en la Argentina, en un conjunto de 2300 empresas de diversas actividades que representaban el 40% de la economía de negocios, la participación de las mujeres en cargos ejecutivos alcanzaba a casi el 11%, pero 60% de esas empresas no tenía ninguna mujer ejecutiva mientras el otro 40% contrataba a las mujeres para el 21% de sus cargos directivos. Vale decir, sólo un conjunto reducido de menos de 1000 empresas se beneficiaba de la diversidad de género.
Por un lado, entonces, el resultado positivo de la diversidad de género en las decisiones empresarias o institucionales muestra que las mujeres nos hemos preparado y estamos en carrera para cumplir con este rol. Por el otro, los cambios, aun en el siglo XXI, parecen estar tomando más tiempo de lo esperable. El caso argentino es una buena ilustración. Actualmente, de cada 100 mujeres en edad de trabajar, 64 lo hacen o están buscando trabajo. En 1980 sólo 38 mujeres de cada 100 estaban en esa situación. Nuestro aumento en la participación ha sido de 26% en 40 años. También los hombres trabajan un poco más (91 de cada 100), pero su tasa de participación ya era muy alta en los 80 (88 de cada 100).
En cuanto a la preparación de las mujeres para el trabajo, en 1980 los hombres tenían algo más de educación que las mujeres (8,45 años promedio versus 8,16, respectivamente), pero esa relación se fue dando vuelta y hoy la población femenina de entre 19 y 64 tiene casi un año más de educación promedio que los hombres, a la vez que el promedio de años de educación fue creciendo superando los once años de estudio, en promedio, para la población ocupada.
En el conjunto de los profesionales en ejercicio, de cada 100 profesionales hay 54 mujeres y el número va en aumento, ya que de cada 100 estudiantes universitarios, 57 son mujeres y su tasa de graduación es más alta que la de los hombres.

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